Estrés, el enemigo silencioso.

Vivimos en un mundo de prisas, incertidumbre, problemas de conciliación, falta de tiempo y  exceso de actividades. Día día nos enfrentamos a altos niveles de exigencia.  El resultado de esto es que 9 de cada 10 personas han sentido estrés en el último año y un 40% de la población lo padece de forma continuada. Por algo han llamado al estrés como la “nueva epidemia del siglo XXI” y además yo agrego: una epidemia silenciosa que lamentablemente,  no solo afecta a los adultos.  

Las consecuencias del estrés afectan, en primer lugar, a quien lo padece. Pero vivir con estrés,  también puede  repercutir  a tu entorno más cercano:  familia, amigos, compañeros de trabajo…. De hecho se ha demostrado  que  niveles altos de estrés en  los padres tienen un serio impacto en el desarrollo de los niños.  

Las repercusiones del estrés, se extienden más allá del ámbito en el que se origina: por ejemplo si sufres de situaciones estresantes en el trabajo,  es bastante probable que también lleves este estrés a tu ámbito familiar y por lo tanto se vea afectada tu relación con tu pareja o tus hijos.  

Cuando sufres de estrés, es casi inevitable que tu salud física y emocional,  tu vida y tu entorno se vean afectados.   Algunos síntomas comunes de estrés son: 

  • Irritabilidad
  • Ansiedad
  • Problemas de sueño 
  • Falta de energía o de concentración.
  •  Dolores de cabeza o espalda. 
  •  Erupciones cutáneas
  • Crisis gastrointestinales
  • Consumo excesivo de tabaco o alcohol
  •  Un malestar difuso difícil de explicar que no encuentra causa médica. 

En cuanto a los efectos del estrés en el entorno familiar, podemos mencionar: 

  • Discusiones de pareja constantes, 
  • Falta de deseo sexual, 
  • Problemas con los hijos, 
  • Poca paciencia, 
  • Irritabilidad o mal humor. 
  • Desgano y distanciamiento de familia y amigos, entre otros. 

El estrés es una respuesta adaptativa ante una demanda del entorno que supera nuestras capacidades, reales o percibidas, para hacerla frente. Es un sentimiento de tensión física o emocional,  una reacción de nuestro cuerpo ante un desafío. 

En pequeños episodios, el estrés es positivo, pues nos activa, ayuda a que evitemos peligros o nos pongamos en marcha para realizar alguna tarea. Por ejemplo, cierta cuota de

estrés en el trabajo cuando hay  una fecha límite, te ayuda a ponerte en movimiento y cumplir. O si sufres de un accidente automovilístico, es normal que sientas estrés, y que gracias a ello puedas buscar la ayuda que necesitas. A este tipo de estrés, que ocurre de forma esporádica,  que es intenso,  pero que te  moviliza se le llama estrés agudo. 

También está el estrés crónico, que es el que suele tener los peores efectos en la salud, porque es aquel que dura mucho o es muy constante aunque sea en pequeñas cuotas. Algunas causas comunes de estrés crónico son los problemas de dinero, parejas infelices o problemas en el trabajo. 

Cualquier tipo de estrés que continúa por semanas o meses es estrés crónico.  

¡Lo peor es que muchas veces nos acostumbramos tanto a este tipo de estrés que vivimos día a día,  que ni siquiera nos damos cuenta que es un problema! Entonces el estrés cotidiano se convierte en enemigo silencioso. 

Es ese estrés que se nos mete al cuerpo, a la vida y a la casa sin que nos demos cuenta. Afectando nuestra salud,  nuestra relación de pareja y la salud de nuestros hijos.  El estrés silencioso, ese que sentimos todos los días cuando despertamos a nuestros hijos e intentamos salir de casa por la mañana apresurados porque vamos tarde al trabajo, ese estrés porque no llegamos  a fin de mes, el estrés de las peleas constantes de pareja o  las discusiones con los vecinos por cosas insignificantes.  Ese es el enemigo que nos carcome.  

Las situaciones estresantes de nuestra vida cotidiana, a simple vista y en solitario, pueden no implicar una cuota muy grande de estrés, pero cuando se van sumando en el tiempo y con constancia, pueden ser una bomba que hagan que estallemos, porque nuestro cuerpo está constantemente tensionado, alerta incluso cuando no hay peligro.

Cuando el estrés empieza a hacernos síntomas en el cuerpo, en nuestra salud mental o a causarnos dificultades con nuestra familia o nuestro trabajo, es importante que actuemos. 

Podemos intentar reducir el estrés de nuestra vida cotidiana siguiendo algunas sencillas pautas como: 

  • Realizar ejercicio físico de forma constante.
  • Cuidar nuestra alimentación. 
  • Mantener todo lo posible contacto con la naturaleza, al aire libre. 
  • Buscando una actividad que me guste y me de placer. 
  • Aprendiendo a decir no a compromisos innecesarios y reduciendo mis responsabilidades en el trabajo o la familia. 
  • Pedir ayuda. 

Buscar ayuda de un profesional en psicología, puede ser una muy buena solución para entender de dónde vienen tus síntomas, cuáles son los agentes externos e internos que  te provocan estrés y  cómo puedes generar estrategias  para hacer frente a dichas circunstancias, sin que te generen esa gran cuota de estrés que te está afectando a tí y a tu familia. 

Lee también: ¿Qué es la ansiedad? y cómo afecta tu salud mental y la de tu familia.  

Recuerda: reducir los factores de estrés, así como identificar y tratar a tiempo cualquier trastorno , son la clave para prevenir tu sufrimiento o el de tu familia.  Si necesitas ayuda, consultame o consulta a un psicólogo de tu preferencia. 

Natalia Sladogna. Psicóloga

SOLICITA AQUÍ UNA CONSULTA INICIAL SIN COSTO